martes, 12 de febrero de 2013

Domingo

 
Puede resultarles extraño el hacer un post sobre domingos un martes pero la verdad es que no tuve mucho tiempo para sentarme tranquila a escribir y realmente tenía ganas de compartir esto.

Luego de haber ido a ver Django al cine, disfrutarla mucho (en serio, creo que es la que más me gusta de Tarantino), tomado un café con un muffin de banana y nuez (lo mejor después del roll de manzana) y esperado un buen rato para salir del lugar a que la calle inundada desagotara fui a casa. Me cambié y decidí con Tom ir corriendo hasta su casa desde la mía. Me fijé en google maps y son unos 5.6 km. Preparé una mochila con lo necesario para estudiar y la ropa para la fiesta de cumpleaños de un amigo que se hacía el día siguiente. Tomé una campera que en el momento parecía impermeable (termino no siéndolo) y salimos.
Fue un placer, porque era de noche, llovía, y había preparado una buena lista de canciones para correr. A demás el recorrido tan simple pero tan genial ayudó mucho. Corrí por la avenida Libertador del lado de los parques y bosques dónde todo se veía negro, azul y verde oscuro. Esa masa de colores oponiéndose a las luces rojas y amarillentas de los autos empañados parecía un cuadro en acción en el que yo, pequeño individuo lento (digamos la verdad) y todo negro corría a su vez contrastando mi calor con el viento frío y el agua que chocaba constantemente mi cara. El perfume de los pinos, de la tierra mojada y de los eucaliptos volvieron esos 30 o 40 minutos mágicos.
Les dejé ahí arriba el tema que sonó con más lógica dentro de todo esto en mis auriculares.
Que estén bien.

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