Puede resultarles extraño el hacer un post sobre domingos un martes pero la verdad es que no tuve mucho tiempo para sentarme tranquila a escribir y realmente tenía ganas de compartir esto.
Luego de haber ido a ver Django al cine, disfrutarla mucho (en serio, creo que es la que más me gusta de Tarantino), tomado un café con un muffin de banana y nuez (lo mejor después del roll de manzana) y esperado un buen rato para salir del lugar a que la calle inundada desagotara fui a casa. Me cambié y decidí con Tom ir corriendo hasta su casa desde la mía. Me fijé en google maps y son unos 5.6 km. Preparé una mochila con lo necesario para estudiar y la ropa para la fiesta de cumpleaños de un amigo que se hacía el día siguiente. Tomé una campera que en el momento parecía impermeable (termino no siéndolo) y salimos.
Fue un placer, porque era de noche, llovía, y había preparado una buena lista de canciones para correr. A demás el recorrido tan simple pero tan genial ayudó mucho. Corrí por la avenida Libertador del lado de los parques y bosques dónde todo se veía negro, azul y verde oscuro. Esa masa de colores oponiéndose a las luces rojas y amarillentas de los autos empañados parecía un cuadro en acción en el que yo, pequeño individuo lento (digamos la verdad) y todo negro corría a su vez contrastando mi calor con el viento frío y el agua que chocaba constantemente mi cara. El perfume de los pinos, de la tierra mojada y de los eucaliptos volvieron esos 30 o 40 minutos mágicos.
Les dejé ahí arriba el tema que sonó con más lógica dentro de todo esto en mis auriculares.
Les dejé ahí arriba el tema que sonó con más lógica dentro de todo esto en mis auriculares.
Que estén bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario